HOLA, SOMOS TUS EMOCIONES.

Hola, somos tus emociones, sabemos que nos sientes, pero teníamos la duda de si nos entiendes y conoces, y lo más importante, si sabes por qué formamos parte de ti. Y por eso nos ha parecido importante contarte un poco sobre nosotras.

Estamos presentes en la vida del ser humano, desde hace tanto tiempo que casi ni nos acordamos. Cientos, miles de años. ¿Sabías que el cerebro emocional es mucho más anterior que el cerebro racional, que el cortex prefrontal?. ¿Sabías que la glándula pituitaria es la región más antigua del cerebro?, y ¿cuántas emociones evoca un olor?. Esto es solo un ejemplo de lo integradas que estamos en la vida de las personas, y por extensión de los animales.

Nos parece importante destacar algo que le da mayor relevancia a lo que acabamos de plantear. Aunque la neurociencia, “Neurociencia Afectiva” ha tratado de identificar qué parcelas del cerebro gestionan las emociones, tratando de identificar áreas especializadas, además de descubrir y poner de manifiesto la importancia de áreas subocorticales como el sistema límbico (tálamo, hipotálamo, amígdala,…), lo que ha descubierto es que el “cerebro emocional”, realmente es algo más que un sistema delimitado, y que las emociones humanas se representan y gestionan en múltiples regiones cerebrales tanto de la corteza cerebral como de las áreas subcorticales.

Es decir, que hemos ido evolucionando y la emociones y los pensamientos hemos ido “creciendo juntos”. Por eso, no entendemos del todo esa manía de enfrentar a la razón con la emoción, mucho mejor conocer cómo interactuamos en nuestra labor de ayudarte a afrontar la vida.

Vamos allá.

¿Qué son las emociones?

La emociones siempre hemos estado presentes de un modo u otro en los intentos de conocer y comprender al ser humano. 

Desde el primer tratado de medicina de Hipócrates, donde postulaba la existencia de 4 temperamentos, relacionados con su teoría de los 4 humores (fluidos): (Temperamento sanguíneo, el temperamento flemático, el temperamento melancólico y el temperamento colérico), hasta los postulados evolucionistas de Darwin (por ejemplo), que nos habló de las emociones básicas, presentes en todas las culturas y que consideró como la manifestación de conductas evolutivamente primarias.

Por su parte, el psicólogo William James postuló su teoría periférica de las emociones, donde planteó que las emociones éramos una forma de percepción, una interpretación de las respuestas físicas del propio organismo en su interacción con el entorno. Es célebre su reflexión “¿estoy triste porque lloro, o lloro porque estoy triste?”. Cuanto menos una pregunta muy interesante, en aquel entonces y ahora. 

Luego Cannon y Bard criticaron esa teoría y propusieron la teoría central de las emociones, donde lo que se propone es que las emociones son el resultado del sistema nervioso central.

Posteriormente Pápez expuso el que se llamó circuito Pápez (circuito cerebral), e introdujo el concepto de Sistema límbico, donde ya planteaba y “demostraba” la existencia de sistemas cerebrales específicos para la emoción. Y ya actualmente la tecnología y la neurociencia han abierto y complicado la cuestión, al evidenciar que estamos distribuidas en una compleja red de conexiones en áreas corticales y subcorticales. En definitiva, se evidencia que somos claves en la vida de las personas y tenemos un espacio importante biológicamente hablando.

Bien, pero ¿qué somos las emociones?

Somos respuestas, reacciones neuroquímicas, hormonales, psicofisiológicas ante lo que ocurre en nuestro entorno, en nuestra vida, y cuya función principal es la adaptación y la supervivencia.

En este punto, nos parece fundamental detenernos y plantear una pregunta ¿por qué las emociones se han mantenido tal cual en la evolución después de más de 500 millones años de existencia del cerebro emocional/afectivo?. Para nosotras, la respuesta es clara, evolutivamente somos necesarias y hemos sido claves para la supervivencia de la especie. El principio biológico universal de economía es muy claro en este punto. Aquello que biológica y evolutivamente, no cumple ninguna función, desaparece o cambia.

Un aspecto muy importante a tener en cuenta es que la mayor parte de las respuestas emocionales se producen en un nivel inconsciente, sin que la persona tenga consciencia de lo que está ocurriendo. En esto no se diferencia de los procesos racionales de pensamiento. La neurociencia ha demostrado igualmente que gran parte del pensamiento, de los procesos cognitivos ocurren antes de ser conscientes de ellos, así, realmente antes de ser cocientes de que se ha tomado una determinada decisión, esas decisión, ya estaba tomada. De ahí derivan los estudios y las investigaciones sobre la intuición, como Gerd Gigerenzer, (2008) que los refleja en su libro Decisiones instintivas. La inteligencia del inconsciente

De este modo, nos encontramos con probablemente la mejor manera de diferenciarnos de los sentimientos. Así, podemos decir que los sentimientos son el resultado de la percepción e interpretación de las respuestas emocionales, y se caracterizan por ser más estables y de mayor duración en el tiempo. Antonio Damasio . No obstante la línea divisoria no está del todo clara y queda una apasionante labor por delante.

¿Cuáles son las emociones?

Desde que Darwin, como comentábamos más arriba, habló de las emociones básicas, gracias a la neurociencia, a la psicología, a la psiquiatría,…se ha investigado y el mundo de las emociones ha dejado de ser un mundo que se sabía ahí, peor que era un “desconocido” o cuando menos un “incomprendido”.

Hoy, se siguen tomando como válidas las 6 emociones básica que en 1970, identificó Paul Eckman, y que al igual que Darwin postuló que son universales en todas las culturas.

Así, cuando nos identificó como las 6 emociones básicas, hizo referencia a:

La sorpresa, la ira, el miedo, el asco, la alegría y la tristeza.

Un aspecto central de las emociones básico es que presentan patrones visibles claramente diferenciadores y que se se presentan en todas las culturas. Aquí destacan, por encima otros patrones,  las expresiones faciales que definen a cada una de ellas, y que por lo tanto son inequívocas

 

“Las emociones son contagiosas. Todos lo conocemos por experiencia. Después de un buen café con un amigo, te sientes bien. Cuando te toca un recepcionista mal educado en una tienda, te vas sintiéndote mal”.

-Daniel Goleman-

¿Qué funciones cumplimos las emociones?

Antes de entrar a conocer que aportamos cada una de las emociones básica y por lo tanto cuál es nuestra razón de ser, es necesario detenernos a revisar un aspecto crucial.

Como ya hemos comentado, hoy ya sabemos que enfrentar razón y emoción no tiene mucho sentido, ya que la neurociencia ha puesto de relieve los complejos sistemas de interrelación, donde hay una simbiosis “perfecta” entre “razón y emoción” en pro de un bien común, proteger a la persona, adaptarla y velar por su supervivencia. Cosa distinta es que en ocasiones, el propio afán de proteger, genere dificultades y trastornos.

La emoción aporta al sistema una información esencial que es procesada y se crean así mecanismos de respuesta. De este modo, nos encontramos que la emoción juega un papel esencial en las primeras etapas del aprendizaje de cualquier persona, y luego, es la estructura racional, cognitiva, quien mantiene y “protege” ese aprendizaje.

Como lo mejor siempre es poner un ejemplo allá vamos con 2 ejemplos, uno más simple y otro más complejo:

  • Si se ha experimentado una intensa respuesta de miedo/ansiedad (palpitaciones, taquicardia, hiperventilación, tensión muscular intensa, intensa, sensación de mareo, …) en una determinada situación, como puede ser un espacio cerrado, lo que ocurre es que se está transmitiendo al sistema que se trata de una situación de peligro y como tal debe evitarse. Los procesos cognitivos, racionales, procesarán esa experiencia emocional y  tenderán  a procesar  situaciones similares como situaciones peligrosas, por lo que promoverán conductas de evitación.  Si  no pueden evitarse, la propia categorización como situación de peligro replicará las mismas respuestas emocionales.
  • Ante las críticas intensas y recurrentes, con mensajes de menosprecio, que se pueden recibir en entornos relevantes para una persona/niñ@, para quien el afecto y la sensación de pertenencia al grupo son aspectos esenciales para su desarrollo personal y adaptativo (como ser social que es el ser humano) , es habitual que se provoquen reacciones emocionales de miedo y tristeza (por la pérdida percibida de algo importante). Así, si lo anterior ocurre en respuesta a resultados académicos no esperados, por ejemplo, la información que se esta lanzando al sistema es que “fallar” es peligroso, y por lo tanto ha de evitarse fallar para poder ser “aceptado” y sentirse válid@.

Las emociones son claves en los procesos de aprendizaje, lo cual ya es lo suficientemente importante como para tenernos en cuenta.

Dicho esto, vamos a ver que aportamos cada una de las emociones
IRA

Fácil de reconocer: cejas bajas y contraídas. párpado inferior tensionado. Los labios tensos oy/o marcando el gesto de gritar. Mirada directa, incisiva y prominente (Chóliz, 1995).

La ira,  predispone para el ataque, la lucha, cuando algo frustra o se interpone a la hora de conseguir algo importante para la persona. Suponemos que alimentos, refugio y reproducción eran esenciales en su momento y era de vital importancia lograrlo para la supervivencia de la especie.

Son respuestas claramente comunicativas de que se quiere lo “deseado” y que se hará lo necesario para conseguirlo, con un primer mensaje intimidante.

De tod@s son conocidas las rabietas de los niños. Desde luego no pasan desapercibidas. Esa rabietas, esa expresión de ira, para conseguir lo que se quiere, promueve normalmente reacciones dirigidas a dotar de otros recursos al niñ@ para lograr lo que quiere y gestionar esa frustración, de manera que es un claro mecanismo de aprendizaje para cargarse de recursos que permitan acercarse a lograr lo que se quiere, o al menos a intentarlo.

Evidentemente estamos hablando de la ira como un estado, no como un rasgo, es decir, una reacción emocional puntual. Si se manifiesta como un rasgo, porque no se han adquirido otras estrategias para “luchar” por lo que se quiere, es cuando la ira se convierte una continua fuente de malestar y conflictos, ya que la Ira, provoca Ira y a medio y largo plazo, son nulos o ninguno los beneficios.

Como siempre, la cultura modulará esta emoción, normalizando espacios o momentos donde se “entienda” la respuesta de ira en respuesta a pérdidas o dificultades para lograr algo socialmente aceptado.

La sorpresa

¿Qué ocurre cuando una persona se  enfrenta a algo nuevo, extraño, diferente y/o imprevisto?. O dicho de otra manera, cuando se encuentra con algo que no estaba en sus previsiones, en sus esquemas.

La persona experimente una sensación de perplejidad, de encontrarse en un momento de incertidumbre y desconcierto que “necesita” resolver. Por un instante, la mente se queda en blanco.

Se produce una desaceleración de la frecuencia cardiaca. A nivel periférico, la piel p.e, se produce una vasoconstricción periférica, mientras que a nivel de la cabeza (cefálico) se produce vasodilatación. Se desencadenó un rápida respuesta de dilatación pupilar. Y, de manera que no se puede observar a simple vista,  se da un incremento de la actividad neuronal

Lo que ocurre es una especie de proceso de rápido reseteo de la memoria de trabajo, para afrontar ese estado imprevisto y se canalizan todos los recursos atencionales, para focalizarlo en lo que está provocando esa respuesta de sorpresa, que resulta incómoda. De esta manera todos los recurso de procesamiento de la información tratan de restaurar el equilibrio y entender lo que ocurre.

Impulsa a la curiosidad y a buscar información con rapidez, es necesario dilucidar si estamos o no ante algo negativo. Si es así, otras emociones surgirán, de la misma manera que si se descubre que es algo positivo, hará acto de presencia la alegría.

Por eso, salir de los espacios conocidos, zonas de confort, es una mera de disparar la sorpresa y aprender.

El asco

El asco, despliega una cadena de respuestas que tienen como finalidad cerrar todos los accesos del exterior al interior del organismo. Se cierran los párpados, se retraen las fosas nasales, hay una contracción motora para resguardarse del estímulo que provoca la respuesta  y para alejarse de él. 

De mismo modo, puede desencadenar respuestas gastrointestinales como la nausea y las constantes cardiacas y respiratorias se elevan.

La evitación de enfermedades contagiosas, infecciones, envenenamientos,…es la principal función de esa respuesta emocional. Asi pues, su relevancia para la supervivencia está más que clara.

Cultural y socialmente se modula esta emoción, de manera que se comparten significados de actos, situaciones, (determinados comportamientos sexuales, alimentos…), que se contemplan como tóxicos o nocivos y ante los que se despliega la emoción de que disponen el ser humano para esos casos. El asco.

El miedo

Que decir del miedo. Probablemente la emoción más famosa, o al menos una de las más famosas y desde luego, la más estudiada.

El miedo desencadena respuestas que preparan a la persona para la evitación o el escape, y si el análisis de la situación así lo requiere para atacar. Pero atacar, a diferencia de la ira, no es la clave, y ocurre cuando amenaza la supervivencia, nunca por la frustración.

La tasa cardiaca se eleva, el ritmo de respiración también. Las pupilas se dilatan, la tensión muscular aumenta, la adrenalina se dispara, el  incremento de cortisol  favorece la coagulación sanguínea en caso de herida. La sudoración en general y en particular en las palmas de las manos, favorece el agarre, por si toca trepar,…Es decir, el cuerpo está preparado.

El peligro originalmente es a la integridad física, pero si fruto del aprendizaje, se percibe un peligro para la integridad psíquica/psicológica, como por ejemplo por el hecho de exponerse en público o poder cometer un error, la emoción que proteja a la persona, será la misma, el miedo. Es el recurso del que se dispone para protegerse del peligro. Luego en esos casos, el objetivo es aprender a identificar que se trata de un estímulo percibido como peligroso, pero que no lo es y toca aprender a reorganizar los focos de vulnerabilidad psicológicos.

Una vez más, el miedo es básico en el proceso de aprendizaje, y al igual que el resto de la emociones, NO es una emoción negativa. Las respuestas que provoca generan malestar, claro, pero porque lo que pretende es que esa situación no se vuelva a repetir y superar el peligro. Este blog sobre la ansiedad profundiza más en el miedo

La alegría

La alegría es el bombón de las emociones. ¿Quién no quiere repetir ante un buen bombón de buen chocolate?.

Cuando algo nos alegra, porque hemos conseguido una meta, un ascenso en el trabajo, un aprobado, el reconociendo por algo que se ha realizado, el Si de la personas que se quiere, …entre otras cosas el cerebro se inunda de endorfinas (hormonas del placer )y de dopamina, la hormona de la “felicidad”, del bienestar.

Lo anterior ocurre para “decir” que lo ocurrido es bueno, que conviene repetir esas conductas, esos comportamientos. Que si los repetimos, se volverán a disfrutar esas consecuencias tan placenteras. La alegría es el mejor incentivo para la acción, es la mejor recompensa

La tristeza

Una vez más vamos a repetirlo y no nos cansaremos de decirlo, ninguna emoción es negativa, y la tristeza  por lo tanto tampoco lo es. 

Al igual que las demás, es necesaria, y una herramienta que la evolución y la biología han mantenido porque permite sobreponerse y regular la capacidad de afrontar circunstancias negativas para la persona

Una de las repuestas fisiológicas mas destacadas, además de provocar una disminución en el estado de energía y anímico, es el llanto. Y aunque en algún momento se postuló que otros animales también lloraban, como por ejemplo se investigó en elefantes, la realidad a día de hoy, es que le llanto es exclusivo del ser humano.

La tristeza permite centrarse en uno mismo, y no invertir energías ni esfuerzos en ese momento en que se ha perdido algo importante o no se ha conseguido algo esencial. La persona nada puede hacer por recuperarlo o conseguirlo (o bien lo percibe así).

La tristeza tiene un función protectora y curativa.

En el llanto emocional que suele acompañar a la tristeza, se ha descubierto que en esas lágrimas se derrama una buena dosis de prolactina (principalmente en mujeres), cloruro de potasio, manganeso (relacionado con la depresión), endorfinas, adenocorticotropina (relacionada con la ansiedad y el estrés) y leucina-encefalina, que es un analgésico natural.

Así pues, el llanto ayuda a  expulsar sustancias estresantes dañinas para el organismo. Por lo tanto, bien podemos decir, que el llanto es catártico. El bueno llorar, de la misma manera que es bueno reír. Lo que ocurre es que parece que a poc@s les gusta escribir e investigar sobre el llanto, y a much@s sobre la risa.

Pero además, el llanto, claramente visible, que nubla la visión, que transmite un momento de vulnerabilidad de la persona, es un claro mensaje de que se necesita apoyo de los demás. Y si no se olvida que el ser humano es un animal social, está claro que ese apoyo y todos los rituales sociales de apoyo ante la pérdida, facilitan que la personas puedan integrarlo, y afrontarlo.

Nuevamente, la pérdida puede ser objetiva o subjetiva, puede “perderse” la confianza en un@ mism@, por ejemplo, per esto abre un espacio que no podemos abarcar aquí. Este otro blog sobre la depresión puede interesarte.

Conclusiones

Las conclusiones van a ser muy reducidas. De hecho preferimos compartir 2 conclusiones que inviten a la reflexión y provoquen un cambio de actitud hacia la emociones, por pequeño que sea, que una retahíla, que nos desenfoque de lo que pretendíamos desde el inicio.

1- No existen emociones buenas ni malas. Positivas ni Negativas. Existen emociones, y punto, sin adjetivos. Todas son necesarias, todas existen porque permiten aprender a vivir, a sobrevivir. El problema no está en las emociones. Estará en el entramado de ideas, pensamientos, creencias, esquemas,..que se hayan aprendido con el paso del tiempo y con las experiencias, pero no en la emociones.

2- Aprende a aceptarnos como parte de ti, es el primer gran paso para aprender a sacarle el máximo provecho a las emociones. Mira las emociones como aliadas, míralas con curiosidad, no como el enemigo.

Ayudarte es nuestra Razón de ser.

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